Gracias por visitarnos y te invitamos a participar comentando las noticias que salen cada día.
"Escuchad, no estoy acostumbrado a hablar a gente de vuestra edad, soy un hombre muy anciano, un bisabuelo ya. Hace 20 ó 25 años, yo explicaba estas historias a mi nieto, que ahora también es profesor, y que ya ha sobrepasado los treinta. El personaje del que voy a hablaros se llama Ulises, Odusseus, en realidad, según su nombre griego. Le conocemos porque hace casi tres mil años un gran poeta, que no se contentaba como yo con explicar vulgarmente sus historias, las cantó en verso en grandes asambleas."
¿Por qué hoy en día la bondad es vista más como un signo de debilidad que de fortaleza? ¿Por qué ha perdido su condición de virtud para convertirse en una práctica inocente y estéril? ¿Habrá que resignarse ante el imperio de la crueldad y el egoísmo? ¿O todavía podemos confiar en su capacidad para transformar la sociedad en que vivimos?
"La pornografía es atractivo físico, placer y todas las consecuencias del sexo, ya sean bebés, amor o herpes", explica a Efe Chuck Palahniuk, que define como "muy tradicional" la ubicación de "una historia romántica" en "un universo hipersexual".
Eva Gabrielsson, pareja de Stieg Larsson ( 1954-2004), autor de la trilogía Millennium, reveló anoche en el programa Babel de la televisión sueca SVT que está escribiendo dos libros relacionados con la muerte de su marido. El primero se refiere a la situación de desprotección en que se encuentran las parejas de hecho ante la legislación sueca. En el segundo, que se publicará en Francia el próximo otoño, la viuda de Larsson intentará dar su propia versión sobre su propio duelo por la muerte del escritor, los pormenores en torno a la herencia y las partes de la trilogía inspiradas en su vida y la de su marido.
Con paso enérgico, un hombre alto, corpulento y con la cabeza rapada entra en el restaurante del hotel Le Meurice, enfrente del Jardin des Tuileries. Saluda con un fuerte apretón de manos a su interlocutor, se quita la gabardina, se sienta y, en la penumbra del lugar, uno de los más selectos de París, ojea la carta. Agita la cabeza ostensiblemente de derecha a izquierda y, con una mueca sonriente, exclama: "¡Estos franceses están chiflados! ¡Los precios son carísimos! ¡En esta ciudad todo es así!" (en la mesa de al lado, por un momento, se gira a mirarnos una señora con un vestido con manchas de leopardo). Poco después, el comensal pide acompañar su pedido con "una Coca-Cola con mucho hielo, con muchísimo hielo picado, por favor, que aquí en Francia ponen siempre muy poco". Ante el estupor del camarero, que retira discretamente la carta de vinos, el hombre aclara: "Es que soy americano". "Por supuesto, señor".