generico informar a su mdico acerca de los remedios a base de hierbas, vitaminas y aditivos si se da el caso.
9 Diciembre 2016

Oliver Crisp, de diez años, es el protagonista principal de Oliver y las marpelucas, escrito por Philip Reeve e ilustrado por Sarah McIntyre, los mismos autores de Pastel espacial.

 

Sus padres, unos incansables aventureros, han decidido asentarse por fin y él está muy contento. Pero, al llegar a la bahía Aguahonda, cuando ven unas islas que no habían visto antes, sus padres deciden ir a explorarlas y desaparecen, ellos y las islas. Oliver sale a buscarlos y empiezan sus encuentros con personajes curiosos: un albatros insolente llamado Culpeper, una sirena un poco cegata llamada Iris, una isla «semoviente» (o que se mueve) a la que llaman Roque… Juntos, terminan haciendo frente a una isla malvada llamada Malpeñasco y a un abusón un tanto ridículo llamado Stacey de Lacey, a quien secundan una multitud de monitos (que me han recordado, no gráficamente, pero sí por su comportamiento) a los Minions..

 

Quizá lo menos conseguido sea el malvado —el abusón típico de tantos relatos infantiles— pero lo demás está muy bien. Hay originalidad, buen humor, ilustraciones bien integradas en la historia, logros como el Mar de los Sarcasmos —en el que «las algas no hacen más que soltar comentarios desagradables e hirientes» a los marinos—, comentarios acertados al paso —«si algo había aprendido durante sus años de exploraciones, era que los problemas no se resolvían quejándose»—, y (al menos para mí) el misterio de qué significará «marpelucas»...

Fuente de la noticia: Bienvenidos a la fiesta
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