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17 Octubre 2006
La concesión del premio a Álvaro Pombo convierte en recuerdo la polémica sobre la falta de calidad de quienes concurren

Barcelona amaneció convertida en una gran tienda de campaña electoral y se acostó con un nuevo premio «Planeta» que recupera la lozanía de la buena literatura con todo un Álvaro Pombo en la cumbre de su carrera y una joven Marta Rivera de la Cruz que reivindica, fuera de los burladeros de la prosa mediática y populachera, el rigor y la constancia de las escrituras reposadas y concienzudas. En una medianoche aterida por un aire acondicionado insolente y en presencia de un Príncipe Felipe nostálgico -su esposa, Letizia Ortiz, no asistió por las molestias del embarazo-, el escritor santanderino y la autora lucense se llevaron una gloria muy bien remunerada con dos obras en las que la psicología reordena y manda a sus personajes: «La fortuna de Matilde Turpin» y «En tiempos de prodigios».

Tras la bronca en sordina enlatada el año pasado por un Juan Marsé quejoso de la mala calidad de las obras presentadas, el premio «Planeta» volvió, como suele suceder tras una edición de vacas flacas en pastos literarios, a poner en la palestra a un autor de prestigio con el que vendar (y vender) la herida. Y quién mejor que un académico al que la crítica no suele toserle y en edad de merecer los mejores elogios. Álvaro Pombo, como Cela, Vargas Llosa o Bryce Echenique en su momento -aunque esperemos que su novela sea mejor que las presentadas por ellos-, acude al rescate del «Planeta» con su inconfundible socarronería y una espontaneidad demasiado vehemente para ser ensayada. La rueda de prensa posterior a la concesión del galardón compensó a los presentes de la incomodidad del año anterior, con dos ganadores atónitos ante los ataques de un jurado, o del gélido trato a una Lucía Etxebarria en formación permanente de ataque. Una rueda de prensa con anécdota para enmarcar: A Rivera de la Cruz le hizo una pregunta su padre y a Pombo se la hizo su padrastro, el filósofo José Antonio Marina, viudo de la madre de Pombo y compañero y amigo de éste desde los tiempos de la Universidad. De hecho, la novela ganadora está dedicada a Marina.

Sincera, sencilla y feliz de haberse presentado, Marta Rivera de la Cruz resumió su novela como un canto a la amistad, «el sentimiento más puro y necesario de todos». Pombo reconoció que su obra «es de las más fáciles de resumir de mi carrera: es la historia de una pareja». Demasiado simple para un autor tan enrevesado como él: «También es la crónica de un largo duelo». Y, como siempre en su obra, con el elemento psicológico en primer plano: «De igual forma que existe la ciencia ficción, yo me muevo por la psicología-ficción, sólo que con seres ficticios». Rivera de la Cruz se sumó a esa denominación de origen psicológico: «Para mí es fundamental al construcción de los personajes, lograr que sean creíbles. Y eso cuesta mucho». Risas estruendosas cuando Álvaro Pombo se puso a explicar que había elegido el seudónimo de «Cat Stevens» para presentarse porque «cuando volví a España en el 78 de Londres, la canción que sonaba con frecuencia era "El año del gato"». Alguien le puntualiza que esa canción no es de Stevens sino de Al Stewart y Pombo se echa las manos a la cabeza: «¡Qué fuerte!». Para consuelo del regocijado/avergonzado autor, éste nació en 1939, «año del gato», según le apuntaron, y «me gustan mucho los gatos».

A Rivera de la Cruz su padre, presente en la sala, le hizo la pregunta más política del acto al pedir su opinión sobre el hecho de que en Galicia no se consideren escritores gallegos a los que escriben en castellano y que la Xunta los tenga marginados: «En su momento me dolió, porque me considero más gallega que muchos autores que escriben en gallego, pero ahora me da igual».

Pombo explicó el protagonismo que las finanzas tienen en su texto: «El dinero es una clase de poesía, si entendemos la poesía como una forma de acción sobre el mundo. La Bolsa es muy divertida. El dinero es fascinante. El personaje femenino de mi novela representa la acción frente a la contemplación: el dinero puede cambiar el mundo, puede rehacerlo». ¿Y qué hará él con el dinero del premio? «Me lo voy a ir gastandoÉ». Rivera de la Cruz fue más explícita: «Primero haré cuentas con Hacienda y luegoÉ Este verano vi unos zapatos maravillosos, un capricho impensable por lo que cuestan. El martes me los compraré».

Pombo terminó confesando que «imito todo lo que puedo a las mujeres, son divertidas, fascinantes, lanzadas y resueltas. No me pongo faldas pero intento seguir su ejemplo en actitudes vitales». A su lado, Marta Rivera de la Cruz asentía feliz y dichosa, como una niña con zapatos nuevos: los que se comprará hoy.

La Nueva España  

Fuente de la noticia:
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