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17 Octubre 2006

Nuevos métodos de investigación como el análisis del ADN han revolucionado la ciencia forense. Aunque algunos han encontrado en estos avances un filón -los creadores de la serie televisiva CSI, por ejemplo-, para otros representan un lastre. Es el caso de los escritores de novela negra, obligados a revisar sus obras con pesquisas de laboratorio. "Es uno de los grandes problemas con los que se enfrenta el género, porque la evolución de la ciencia forense afecta mucho a la novela negra. Es difícil escribir en la actualidad una obra tradicional. Por eso, muchos autores ambientan sus novelas en el pasado. Evitan así describir una metodología que desconocen", explica la escritora Val McDermid (Kirkcaldy, Escocia, 1955), que ha visitado Barcelona para presentar su novela Un eco lejano (RBA).

"Además, a medida que la policía avanza, también lo hacen los criminales. Cada vez dejan menos pruebas, porque están al día de las nuevas técnicas. Es como las tarjetas de crédito. Se perfeccionan con el tiempo, pero los fraudes no cesan", añade.

Samaritanos o asesinos

La compleja relación entre la literatura policiaca y los progresos en la práctica de las autopsias fue uno de los retos a los que se enfrentó la autora para escribir el libro. Como en sus obras anteriores, Val McDermid no se anda con rodeos timoratos. Cuatro jóvenes se encuentran con una chica moribunda que ha sido brutalmente violada. Aunque tratan de auxiliarla, sus esfuerzos para salvar a la desdichada Rosie Duff son inútiles. Paradójicamente, cuando llega la policía, son los únicos sospechosos al tener las manos manchadas de sangre. Los samaritanos se convierten así en presuntos asesinos. Pero las pruebas escasean y el caso se cierra en falso.

Décadas después, la policía decide reabrir el expediente de Rosie Duff: alguien está matando a los cuatro colegas que la vieron por última vez con vida.

McDermid no se inspiró en un caso real, una costumbre que es para ella un principio ético. "No me encuentro a gusto alimentando mis novelas con la pena y el duelo ajenos. No me siento con derecho a hacerlo", apunta la escritora. No obstante, para el arranque de Un eco lejano se basó en una anécdota que le explicó una amiga. "Su hijo era estudiante de Medicina. Una noche regresaba borracho de un pub en compañía de unos amigos. Vieron entonces que unos maleantes estaban apaleando a un hombre. Como es lógico, intentaron ayudarle. Cuando llegó la policía, los agentes les acusaron de la paliza porque sus ropas estaban teñidas de sangre. Afortunadamente, la víctima seguía consciente y sacó a la policía de su error", recuerda la autora, que ha ambientado por primera vez una novela en su pueblo natal. "Me planteé cómo sería la vida de estos chicos, similares a los que frecuentaba en mi juventud, si hubieran vivido siempre bajo la sospecha. Ésa fue mi obsesión".

El País  


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